Ciudad sin mitos

/ Febrero 1, 2015/ Cultura, Elegante, literatura, Vivir/ 0 comments

“El que nos encontremos tan a gusto en plena naturaleza proviene de que ésta no tiene opinión sobre nosotros.”

 Friedrich Nietzsche

Literatura pura

Literatura pura

Existió una población olvidada que dejó de ser sensible al rastreo satelital.
Ulises había crecido sin capacidad para imaginar, excesivamente pragmático, simplemente razonaba, había aprendido que todo debía ser cuantificado desde los eventos más significativos a los más nimios. Su mente era un cuadrante esmerilado, conciso en sus aciertos y demandas, supeditado a la misma calculadora a la cual servía <rápido y ligero> delimitaba cada una de sus acciones en términos de valoración, elementos susceptibles de ser llevados a expresiones numéricas ¡Cuanto lo disfrutaba! Medía, contaba… se jactaba de saber cuántos kilómetros había desde su casa a las partes más interesantes de la ciudad pero por deducción, si se presentaba el caso, era muy hábil calculando sin equivocarse ni en tiempo ni distancia, definiendo la ubicación de los centros más lejanos o cualquier espacio que le presentasen y él por algún inadmisible motivo, desconociera ¡Su pensamiento únicamente calculaba, computaba, premeditaba! El transitar diario de sus amaneceres, comenzaba con la constante repetición de procesos, poco importaba si el asunto era intrascendente o supremo, igual, lo valoraba con fría inquietud, hasta maníatica… daba valor a X, ajustaba, estimaba, proyectaba, anotaba <antes, durante, después> en medio de una ofuscación que rayaba en la demencia, luego ¡A decantar el análisis de los datos obtenidos! Dedicaba horas y horas a condensar la secuencia de esas apreciaciones con pasmosa precisión quirúrgica, eso incluía los pasos que le llevaban del cuarto a la cocina, de la cocina al baño, el tiempo que demoraba en cada lugar, haciendo qué, dónde, cuánta agua había consumido bañándose… << – ¡La exactitud ante todo! Vivir en desorden es el caos y las catástrofes, son justamente el reflejo de la ausencia numérica en la vida y en las sociedades>>
Su abuela Penélope, anciana que ya andaba rodando los noventa años, lo observaba con intensa pena, le dolía pero no sabía qué hacer, además no estaba segura de “contar” con el criterio suficiente, ella pertenecía a otro siglo, otra época… después de todo, su nieto era muy listo, demasiado, como ella jamás lo fue. Algunas veces, cuando él venía a traerle algún sofisticado medicamento <renovadores celulares de la vida eterna> aprovechaba para charlar un rato, contarle historias de su “más allá” le desmenuzaba las grandes diferencias entre el mundo que ella había vivido respecto a esa actualidad tan congelada, reiterativa e insistente << -Demasiadas reglas le quitan la luz a la existencia, créeme amado nieto, la luna sabe qué hacer y no saca tantas cuentas>> Ulises la escuchaba y daba por hecho que todo lo que decía era consecuencia de haber vivido en el descalabro del pasado, cuando el desorden hormonal dominaba y las mentes ebrias atiborradas de pensamientos recurrentes, controlaban al ser; sin embargo, la escuchaba condescendiente, la miraba… fantaseaba que dejaba correr sus manos entre la nieve de su cabello, detallaba los profundos surcos que araban su rostro de los mil caminos, las brotadas venas de sus manos ancestrales… luego, silencioso, tomaba su cuaderno, se retiraba a su habitación a pasar largas horas frente al PC, conjugando el magnánimo plan de sus caladas fidelidades. El mismo reloj dándole la vuelta a su pellejo, una vez y otra y otra…
A las 9:00 p.m. en punto se levantaba para cenar, se sentaba <observando el espacio entre su cuerpo y la silla> inmediatamente, encendía la TV tridimensional, fuente de imágenes, literalmente, en tres dimensiones, figuras con las cuales podía interactuar directamente, conversar, hacer preguntas, olerlas… lo único que no era posible era tocarlas, ni a las imágenes ni a nadie. Desde que se había acordado en beneficio del bien común, en referéndum y por unanimidad la eliminación de los mitos, con ellos también quedaron extintos los sentimientos que animaban el roce físico ¡Nadie se tocaba, palpaba, abrazaba, nada! paulatinamente, se hizo ilegal y posteriormente, con el tiempo, se fueron formulando sanciones y multas férreas según fuese la severidad y magnitud de los delitos e infracciones. Únicamente estaba permitido tocarse, bajo rigurosa vigilancia, visual y supervisada <además muy coordinada> subordinada a inspecciones en centros específicos, los denominados “laboratorios de organización genética” en pro de una procreación estabilizada y correcta, procedimiento sometido a estándares muy rigurosos, asepsia absoluta, desinfección, purificación psicológica, también, entre otros aspectos, los seleccionados debían someterse previamente y durante seis meses a la estricta dieta canina, proteína, agua y largas horas corriendo hasta que la lengua se saliera de la boca y les tocara la quijada. Sin duda <un gran logro socio cultural> idónea manera de crear seres casi perfectos, pronósticos estadísticos determinados por la supremacía dominante.
La humanidad había alcanzado un nivel de privilegio genético como nunca antes, el trabajo era el fin primario de todos los seres y la diversión, consistía en reunirse a comparar ecuaciones, evaluaciones y los computos realizadas durante la semana, fuesen significativos o no, lo importante era la práctica recurrente, se premiaba la constancia y el esfuerzo por mantener en la cabeza, en vez de letras, números, resaltados bajo estrictos cálculos realizados, según haya sido la precisión conseguida. La presencia de cámaras en toda la ciudad facilitaba la ejecución de los objetivos generales y como había calculadoras en todos los cafés, bares, pubs, jardines, parques y farmacias, no había excusas, en fin… Otro logro, se había conseguido eliminar, definitivamente, el uso de los GPS ¿Para qué? ¡Si todo se sabía! No existía ningún dónde, cuándo o cómo que no se conociera íntegramente.
Ulises tenía una hija, Gea, quien había sido concebida acorde a los estándares más modernos de reproducción, no obstante, estadísticamente, se estimaba que un 0,0001 % podría nacer a merced de una curiosidad básica susceptible a instintos no domesticados, podría decirse que fue su caso. Ya con veinte años, era digna representante de los errores más despreciables, en noches de luna llena, solía escaparse al lago de los olvidos a bañarse, desnuda como una sirena <silueta liviana con pies de ventisca> exaltada mirada recta e irreverente como un señalamiento… Solía decirse a sí misma <<- si bien no puedo ser tocada, puedo permitirme la evocadora aventura de conocer distintas y originales manos alentadoras>> Al llegar a la orilla de la laguna, se detenía para sentir la humedad de la tierra a medida que su peso la hundía en el musgo, dejaba que la luz fría de la luna la recorriera con la sapiencia de su calma, despertándole los poros dentro del fuego nocturno que se encendía, luego, muy lentamente se sumergía en el sombrío líquido que la embargaba !Se dejaba robar por el disfrute del agua deslizándose sobre su cuerpo indiscreto! acunaba el misterio de la brisa seductora enredándosele sinuosa entre los cabellos, tan verdes y rojos como la vida ¡Resplandecientes espigas desprendidas de su figura de cristal y poesía! Luego de horas sin medir ni calcular absolutamente nada, salía a beberse el fulgor de la noche, tendida junto al “Árbol de las cien preguntas” callada, se perdía en los reflejos lejanos de las estrellas huecas, preguntándole al firmamento por qué no se la llevaba, por qué no la transmutaba en flama y la escondía en la cola de algún cometa ¡Ni siquiera le importaba convertirse en una sombra más entre tantas! únicamente, ansiaba vivir como lo había hecho su bisabuela Penélope, rompiendo esquemas, volando sobre los segundos sin tomarles la presión arterial a las horas, tallando su nombre en los troncos del bosque, sin cuestionar si alguien lo leería.
La última vez de tantas lunas fue realmente sorprendente, sintió un arrebato que la levantó de un tirón, tomó una rama seca, le sacó filo con una piedra, luego ya como cincel, grabó en su amado árbol de las mil incógnitas… “Aquí estuvo Gea, hija de Ulises, bisnieta de Penélope, Diosa de los imposibles, Zarina de las búsquedas, Reina de las dudas y desde hoy ¡Madre del nuevo ser! quien ha sido concebido entre giros incontables de ráfagas y humedad ¡Presento al universo entero a mi hijo! Epopeya del renacer”
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0 Comments

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  2. Genial relato cuasi apocalíptico
    Un abrazo y buena semana para vos. Aquileana 😀

    1. Un buen relato, genial y sorprendente, difícil de mejorar en su estilo literario gracias a Scarlet C https://rosalde.wordpress.com/

      Gracias por comentar Aquileana y recuerda que tenemos esto entre manos https://enviapost.wordpress.com/

      Saludos para vos y buen día.

      Antonio

      1. Enseguida estoy con tus enlaces~ Muchas gracias!… Aquileana 😀

  3. ¡Gracias! Saludos…

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