3 ciudades reconstruidas literalmente de las ruinas

Chile, larga y angosta faja de tierra, está ya acostumbrada a tener que estar reconstruyendo ciudades después de cada terremoto. Pero no es el único país. Aquí te mostramos tres grandes urbes que estuvieron cercanas a desaparecer por completo y que debieron volver a levantarse.

Chile, lamentablemente, esta lejos de desconocer lo que son los efectos de las catástrofes naturales. Pero si hay algo que hemos aprendido después de cada uno de estos eventos desafortunados, es a volver a pararnos. Para que sepamos que no estamos solos en esto de tener el ítem “reconstrucción” casi como un fijo en el presupuesto nacional, acá les mostramos tres mega ciudades modernas que, aunque cueste creerlo, también sufrieron destinos trágicos en el pasado, teniendo que ser literalmente reconstruidas desde las ruinas, solo para florecer y prosperar gracias al ímpetu de sus habitantes.

San Francisco: 20 mil edificios levantados en 3 años


San Francisco después del terremoto de 1906, via Wikimedia Commons.

La cosmopolita ciudad de San Francisco, en California (EEUU), hoy una de las ciudades más pobladas de ese país, fue casi totalmente destruida luego del terremoto que azotó la costa en la madrugada del 18 de abril de 1906, y que hoy se estima habría alcanzado una magnitud de 7.9 en la escala de Richter. Las consecuencias del terremoto fueron completamente devastadoras. Aunque no se conoce con exactitud el número real de víctimas, se cree que podría haber llegado a cerca de 3.000 fallecidos y alrededor de 225 mil personas, de los 400 mil habitantes de la ciudad, habrían quedado damnificadas.

Como si no hubiera sido suficiente con el terremoto, una serie de más de 30 incendios, causados por la ruptura de cañerías de gas y la imposibilidad de acceder a fuentes de agua, destruyó en los tres días siguientes alrededor de 28 mil edificios y 522 manzanas de la ciudad. El calor provocado por el fuego fue tal que los bancos quedaron paralizados, en algunos casos por más de una semana, esperando que la temperatura de las bóvedas bajara para poder ser abiertas. Con cerca de un 80% de la ciudad destruida, un diario de la época decía que debería llamarse en realidad “el gran incendio” en lugar de “el gran terremoto” de San Francisco. La cara de esta ciudad cambiaría para siempre.

Desde una escena que, según un testigo, se parecía más a la ruinas de Egipto o Grecia que a una metrópolis moderna –como lo muestran también las impresionantes fotos de la época– la reconstrucción de la ciudad comenzó casi de inmediato. A los pocos días del terremoto ya habían llegado cerca de 300 plomeros para comenzar a reparar alcantarillados y cañerías, y se dispuso de un plan para atraer a todos los carpinteros y albañiles desocupados en ciudades vecinas.

Con una velocidad impresionante, a solo un año del terremoto ya se había logrado vaciar el último campamento de damnificados y, en 1909, la ciudad hizo un festival de tres días para celebrar la reconstrucción; en tres años se había logrado levantar el no despreciable número de 20 mil edificios. Cientos de toneladas de escombros fueron tiradas en Mission Bay, hoy conocido como Marina Districtcreando el terreno en el que nueve años después se celebraría la Exposición Universal de San Francisco de 1915, donde además de celebrar la construcción del Canal de Panamá, la ciudad pudo exhibir su increíble capacidad para recuperarse de la tragedia y la destrucción del terremoto.

Tokio: una ciudad cosmopolita tras “el mar de fuego”


Vista de Tokio luego del Gran terremoto de Kantō de 1923, via Time.com.

Cuesta creer que la ultra moderna Tokio casi desapareció por completo hace 95 años. La culpa fue nuevamente de un terremoto, conocido como el Gran terremoto de Kantō, que azotó la región -uno de los lugares más sísmicos del planeta- casi al medio día del 1 de septiembre de 1923. Con una magnitud de 7.9, el terremoto redujo a ruinas tanto a Tokio como a la moderna y cosmopolita Yokohama, al sur-oeste de la capital japonesa. Las fotografías que retratan la ciudad en escombros hablan por sí solas del nivel de destrucción, que llevó incluso a discutir sobre la posibilidad de mover la capital a otro lugar.

Se calcula que cerca de 140 mil personas murieron en este desastre natural, que literalmente aplanó cerca de un 60 por ciento de la capital japonesa. Un tsnumani con olas de más de 13 metros siguió al sismo y, para empeorar las cosas, como el terremoto ocurrió a la hora en que la mayoría de la gente estaba empezando a prender los fuegos para cocinar ­–en casas hechas de madera y papel de arroz– más de 130 incendios se desataron, ayudados por fuertes vientos generados por un tifón, que dieron paso al menos a cinco tormentas de fuego que devoraron todo a su paso y que transformaron a Tokio, según un testigo, en un “mar de fuego”.

Entre las historias más trágicas, está la de las cerca de 38 mil personas que buscaron refugio en un área abierta cerca del río Sumida, que atraviesa Tokio, solo para que fueran arrasados horas más tarde por un tornado de fuego, resultando en casi el 40 por ciento del total de víctimas del terremoto. La magnitud del desastre fue vista por los grupos más conservadores de la sociedad japonesa como un castigo divino por la apertura de Japón a Occidente, que era especialmente visible en la ciudad puerto de Yokohama.

Para muchos, la reconstrucción de Tokio parecía ofrecer la oportunidad de planear una ciudad del futuro, con infinitas posibilidades. La realidad resultó ser más compleja, pero de todas formas dio paso a una capital más moderna y racionalizada, con mejores conexiones y áreas públicas, sentando la base de la urbe cosmopolita y frenética de hoy.

Londres, un infierno desatado por hasta seis meses

La capital de lo que llegó a ser el imperio más grande del mundo (cubriendo casi un 24% del planeta), debió ser reconstruida a gran escala no una, sino dos veces en su historia.

La primera ocasión fue después del llamado “Gran incendio de Londres” que devoró, en el año 1666, la mayor parte del casco histórico de la ciudad, que corresponde a la zona dentro de las antiguas murallas romanas que la rodean. El incendio, que duró cuatro días, habría destruido alrededor de 70 mil de las cerca de 80 mil casas de la ciudad, con temperaturas que habrían alcanzado los 1.250ºC. Después de un verano especialmente seco y caluroso, que había casi terminado con las reservas de agua de Londres, en una ciudad de calles estrechas y casi enteramente construida en madera, solo faltaba una chispa inicial para un incendio de gran alcance.


Pintura que retrata el Gran incendio de Londres, pintada c.1675, nueve años después de la catástrofe, via Museum of London.

El fuego habría comenzado en la madrugada del 2 de septiembre de 1666, en la casa Thomas Farriner, panadero del rey. Se habría propagado rápidamente, ayudado tanto por fuertes vientos, que le permitían saltar distancias de más de veinte casas, y potenciado por los materiales altamente inflamables –alquitrán, aceite, alcohol y pólvora– almacenados en edificios de la zona.

Hacia el 4 de septiembre el fuego alcanzó su punto máximo, cubriendo la mayor parte de la ciudad y destruyendo completamente a su paso edificios icónicos como la catedral de San Pablo. La situación era tan desesperada que incluso el rey, Carlos II, y su hermano, el duque de York, habrían ayudado a pelear contra el fuego. Y lo que no destruyó el incendio fue derribado para combatirlo.

Sin un cuerpo de bomberos y con poca capacidad de usar agua, el principal método usado para detener el incendio era echar abajo las casas y edificios para crear cortafuegos, usando ganchos especiales para botar los muros y pólvora que, aunque usada recién al tercer día, fue lo que probablemente habría logrado detener finalmente el incendio. El fuego, sin embargo, no fue apagado inmediatamente del todo y siguió ardiendo en casas y edificios durante meses; ¡uno de los testimonios más detallados cuenta cómo todavía en marzo había sótanos que seguían ardiendo!

La recuperación de Londres fue lenta, tomando más de 50 años la reconstrucción de toda el área destruida, pero su cara cambiaría para siempre. Hubo varias propuestas de trazado urbano para su renovación. Los estrechos callejones serían reemplazados por calles más modernas y anchas, y las casas de madera por edificios de ladrillo, dejando atrás la Londres medieval, para dar paso a una ciudad más en línea con los tiempos.

It’s the Blitz!: 76 noches seguidas de bombardeos en Londres


Londres luego de un bombardeo alemán durante la época de the Blitz, via Wikimedia Commons.

Como si no bastara con quedar una vez casi completamente en ruinas, Londres tendría que volver a repetirse el plato. La segunda ocasión sería luego de la campaña de bombardeos que Alemania llevó contra el Reino Unido entre 1940 y 1941, durante la Segunda Guerra Mundial. Conocida popularmente como the Blitz, por Blitzkrieg -la palabra alemana para “guerra relámpago”- pasó a ser sinónimo de los bombardeos y destrucción de la capital inglesa.

Empezando el “sábado negro” del 7 de septiembre de 1940, Londres debió soportar incluso 76 noches seguidas de bombardeo, y el ataque más grande, en la noche del 10 al 11 de mayo de 1941, dejó a más de 1.400 personas muertas, luego de que la fuerza aérea alemana lanzara 711 toneladas de explosivos sobre la ciudad y más de dos mil bombas incendiarias, con la capacidad cada una de arder a 2.500º C. En menos de dos meses de ataques, ya había 250 mil londinenses sin hogar.

Como en el caso de San Francisco y Tokio, las fotos de la época hablan por sí solas del nivel de destrucción que los ataques dejaron en la ciudad, y para hacerse una idea, este mapa interactivomuestra el lugar donde cayó cada bomba en la ciudad. Curiosamente también muestra cómo una buena parte de los londinenses siguieron tratando de hacer su vida de la manera lo más normal posible, aun cuando miles debieron hacer su día a día en los túneles del sistema de metro, convertidos en refugios antiaéreos, que resultaron ser cruciales para salvar cientos de miles de vidas. Al final de la guerra, cerca de 30 mil personas habían muerto a causa de los bombardeos, alrededor de 70 mil edificios habían desaparecido por completo y unos 1.7 millones tenían algún grado de daño.

Las tareas de reconstrucción no se hicieron esperar y nuevos planes de trazado urbano entraron en acción. El ayuntamiento de Londres había mantenido un cuidadoso seguimiento de los sitios bombardeados, y con esta información, una gran parte de la Londres victoriana dio paso a una cara más contemporánea de la ciudad, con una serie de nuevos edificios que marcarían una nueva era de postguerra en su panorama urbano.

Así pues, a puro “ñeque”, como diríamos en buen chileno, estas ciudades lograron renacer literalmente de las cenizas. Ni aliens ni lagartos humanoides, a punta de organización, trabajo y colaboración (bueno, y esclavismo en los imperios antiguos, pero esa es harina de otro costal), el ser humano es capaz de las cosas más increíbles, como volver a poner de pie ciudades completas destruidas. Pero bueno, eso en Chile, de tanto tener que hacerlo, lo sabemos hace rato.


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1 respuesta

  1. Muy interesante y a un tiempo abrumador…

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