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Las esculturas e instalaciones de Jorge Mayet se basan en sus experiencias viviendo como exiliado cubano en España. Suspendido en el aire, sus paisajes flotantes fotorrealistas y sus árboles arrancados ofrecen visiones etéreas y oníricos de su tierra natal. Las raíces expuestas de los árboles sirven como metáfora de la diáspora, cuestionando la función de la patria. La técnica del Mayet se expande sobre las tradiciones artesanales locales de la región y honra el misticismo de la religión yoruba, que fue proliferada en América Latina por la trata de esclavos en el Atlántico.

«Tal vez inconscientemente, vivo como un árbol arrancado de sus raíces y de esa manera mis instalaciones son una metáfora de mi vida, pero a nivel consciente, creo que tenemos que valorar cada parte de esta Tierra que nos pertenece, porque es de ella que somos capaces de vivir».

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