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En 1993, una familia rusa común y corriente adoptó a un cachorro de oso de tres meses que luchaba por sobrevivir. ¿Cómo lograron convertir a este animal salvaje en una mascota linda y cariñosa?

No, no es como si los osos viviera en todas las familias rusas como mascotas. Pero hay una familia que se que si.

El oso se llama Stepan. Tiene 23 años y tiene su propia página web. Mide una altura de 2,25 metros (unos 7 pies 4 pulgadas) y pesa 350 kilogramos (alrededor de 772 libras), en su hábitat natural, los osos viven un promedio de 25 años, Stepan puede bailar una «Chica Gitana» y vals con su amante.

Cómo el oso se convirtió en miembro de la familia

En 1993, Yury y Svetlana Panteleyenko recibieron una llamada de unos amigos, quienes les pidieron que llevaran un oso a casa con ellos. Un pequeño circo de San Petersburgo ya no era capaz de alimentar a sus animales y buscó todas las oportunidades para salvar a aquellos que no podían ser resguardados en otros lugares.

Cuando llegaron, vieron siete cachorros de oso delgados y enfermos que no estaban siendo alimentados adecuadamente.

«Decidimos alimentar a los animales con pan, pero a un cachorro ni siquiera se le permitió acercarse a las migas, fue golpeado y empujado por los otros cachorros», dice Svetlana. «Así que se sentó en la esquina, el más delgado y más oprimido de todos ellos.»

El cachorro no tenía piel. Sus huesos eran visibles debajo de su piel decolorada y los dientes enfermos y ennegrecidos sobresalían de su boca.

«El cachorro vio a mi marido y corrió hacia él, se aferró a su lóbulo de la oreja y comenzó a frotarse a sí mismo en él», dice Svetlana. «Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que teníamos que salvar al cachorro y se lo llevamos con nosotros. No sabemos qué pasó con los otros cachorros. Dicen que fueron colocados en buenos hogares.»

El oso se llamaba Stepan y los primeros años de vida juntos se dedicaron a cuidarlo pará que recupérese la salud. Fue alimentado cada tres horas – Svetlana y Yury le dieron leche de una botella, gachas y huevos. Regularmente lo llevaban a un veterinario local y con el paso de los años el «patito feo» se ha convertido en un oso pardo gigante.

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