Los vuelos más largos sin escalas

Con motivo de que la compañía Singapore Airlines ha decidido reactivar su vuelo Nueva York – Singapur con una duración de 19 horas de viaje, y que desde noviembre de 2013 no opera, es que nos dimos a la tarea de investigar cuales son las aerolíneas con las rutas más largas.

En el pasado este vuelo se vendía a partir de 6,000 dólares pero el lujo estaba en todo el avión con butacas business transformables en camas. A bordo se daban hasta 3 comidas fuertes y varios snacks. Además de uno de los sistemas de entretenimiento más avanzados del planeta (decenas de películas, 700 discos y los últimos videojuegos). Incluso el pasajero tenía la opción de contratar a un cocinero particular.vuelos-mas-largos-escalas-l-meszgi

Ahora con la nueva llegada del vuelo en un avión A350ULR se promete añadir muchos más lujos, como conexión de gran velocidad a internet y todo tipo de atenciones. Con todo, el nuevo gigante de Airbus no elimina, por ahora, el efecto ‘jet-lag’ que experimentan los viajeros.

Los 10 vuelos más largos del planeta

1. Singapur-Nueva York (16.112 kilómetros y casi 19 horas). A partir de 2016. Operado por Singapore-Airlines.

2. Dubai-Ciudad de Panamá (13.810 kilómetros y 17 horas y 30 min). De la mano de Emirates.

3. Dallas-Sidney (13.800 kilómetros y 16 horas 30 min). Fletado por la australiana Qantas

5. Abu Dabi- Los Angeles (13.502 km y 16 horas y 30 min). Etihad

4. Johannesburgo-Atlanta (13.500 kilómetros y 17 horas). Compañía Delta.

6. Dubai-Los Angeles (13.400 km y 16 horas y 30 min) Emirates.

7. Yeda (Arabia Saudí) – Los Angeles (13.400 km y 17 horas). Saudi Arabian Airlines (Suadia)

8. Dubai-Houston (13.150 km y 16 horas y 20 min).

9. Abu Dabi San Francisco (13.120 km y 16 horas)

10. Dallas-Hong-Kong (13.000 kilómetros y 15 horas). Operado por American Airlines.

El vuelo más largo sin escalas

Lleva doble tripulación y un armario especial por si alguien muere enel viaje

Hay muchas personas que detestan volar. A esas les bastan un par de minutos en el aire para querer apearse del avión, porque cada fibra de su ser les grita que no deberían estar ahí arriba, hechas un cuatro en un asiento estrecho a miles de pies del suelo y, para colmo, sin tener muy claro cuánto es exactamente un pie. También existe gente que adora la sensación de deslizarse por encima de las nubes, es cierto, pero incluso esas almas de pájaro suelen arrugarse un poco ante la perspectiva de pasar diez o doce horas encerradas en el aparato, con la sensación de tiempo suspendido, de abolición transitoria de la vida natural. Y, luego, está esa apasionada minoría que contempla los vuelos SQ21 y SQ22 de Singapore Airlines como un planazo inmejorable y sueña con figurar algún día entre sus pasajeros.

Esos códigos corresponden a los servicios regulares más largos que se realizan sin ninguna escala. Se trata de los enlaces de ida y vuelta entre los aeropuertos de Newark, en Nueva Jersey (que, a estos efectos, viene a equivaler a Nueva York), y Singapur, en el sureste asiático: alrededor de 16.000 kilómetros, en los que se invierten 18 horas y 55 minutos cuando se va hacia América y un cuarto de hora menos en el sentido contrario. Les siguen en la clasificación otros dos vuelos de la misma compañía, entre Singapur y Los Ángeles, que en su momento también ostentaron el récord mundial. Los profanos, al consultar la lista, echamos de menos algún servicio entre Europa y Oceanía, pero su ausencia tiene un motivo claro: no existen. Para ir, por ejemplo, de Londres a Sídney hay que posarse en algún punto intermedio (un clásico es la propia Singapur) donde el avión reposta y los viajeros aprovechan para desentumecer las articulaciones. Puede haber excepciones ocasionales como el Boeing 777-200s de British Airways que en 2006 llevó a Tony Blair desde Bruselas, donde asistía a una reunión de la Unión Europea, hasta Melbourne, sede de los Juegos de la Commonwealth: voló los 17.000 kilómetros de un tirón, pero hay que darse cuenta de que se trataba de un servicio especial muy ligero de pasaje y de carga.

«La inmensa mayoría de las aeronaves que están ahora en el mercado no tienen la capacidad de conectar sin escalas Australia y Europa a menos que incurran en restricciones sustanciales de la carga útil», resume James Boyd, el portavoz de Singapore Airlines en América. Su compañía utiliza los Airbus 340-500, diseñados especialmente para vuelos de larga distancia, que como es habitual en estos viajes emplean rutas próximas a los polos: estamos demasiado acostumbrados a imaginar el mundo como una proyección sobre un plano, y eso nos hace perder de vista hechos como que Edimburgo está más cerca de Anchorage, en Alaska, que de La Habana. Los vuelos SQ21 despegan de Newark a las 23.00 horas, vuelan hacia el noreste, pasan por el círculo polar y ‘descienden’ para sobrevolar Gran Bretaña de camino a Singapur. Tras ese atracón de husos horarios, aterrizan a las 5.40… de dos días después. Los que parten de la ciudad-estado asiática a las 10.55 horas también vuelan hacia el noreste: siguen el itinerario de Japón, Alaska y Canadá y, una vez ajustados los relojes, llegan a su destino a las 17.50 horas del mismo día.

«En comparación con nuestros servicios con escala, se ahorran unas cuatro horas de viaje en un vuelo a Singapur –apunta Boyd–. Esa ventaja resulta decisiva de cara a nuestros viajeros de negocios más apurados». En 2004, cuando empezaron los enlaces sin parada con Los Ángeles y Newark, Singapore Airlines configuró las plazas en dos clases: una bautizada como ‘económica-ejecutiva’, con asientos de medio metro de anchura y un hueco de 94 centímetros para las piernas, y otra ‘business’, donde la butaca se transformaba en la llamada SpaceBed, la cama espacial, un artilugio reclinable de dos metros de largo y 66 centímetros de ancho. Cuatro años después, en vista de que la demanda que hacía rentables estos vuelos era la de los viajeros de negocios, decidieron reconvertirlo todo en ‘business’, con lo que la capacidad de los aparatos se redujo de 181 a cien plazas. ¿Por cuánto sale el billete, James? «Newark-Singapur, ida y vuelta, entre 6.000 y 8.000 dólares (4.500 y 6.000 euros)».

Reservar un cocinero

Los aviones que cubren estas líneas llevan una doble tripulación, para respetar los turnos de trabajo correspondientes, y lo que más llamó la atención cuando empezaron a operar es que cuentan con un extraño armario vertical provisto de correas, reservado previsoramente para el caso de que algún pasajero o tripulante fallezca durante uno de estos trayectos. Pero el problema de los muertos es lo de menos: lo más urgente cuando se programan vuelos de casi diecinueve horas es pensar qué diablos se va a hacer con los vivos, para que no acaben enfermos de aburrimiento y ansiedad. Singapore Airlines siempre ha destacado en eso del ocio a bordo, y en estos largos recorridos los viajeros disfrutan de pantallas individuales de quince pulgadas con acceso a más de cien películas, setecientos cedés de música, videojuegos, programación televisiva…

Para estirar las piernas, pueden acudir al culo del avión –no hace falta volver a calzarse, el suelo está climatizado–, donde les espera un bufé de fruta, yogures y bocadillos, decorado con arreglos de orquídeas. Y, por supuesto, queda la salida de comer y beber en serio: la opción ‘reserva un cocinero’ permite prefijar menús confeccionados por ilustres chefs de Nueva York o Singapur, con platos como langosta Thermidor acompañada de espárragos a la mantequilla, tomates asados y arroz al azafrán. Los sirven las ‘Singapore girls’, las inconfundibles azafatas de la aerolínea, uno de los iconos más reconocidos en este amortiguado mundillo de altos vuelos:vestidas con su ‘sarong kebaya’ y siempre con la sonrisa por delante, tienen regulados por la compañía hasta los tonos del pelo y de la sombra de ojos.

«Yo no encontré el viaje tan exigente como podría pensar la mayoría de la gente. Casi todo el mundo piensa que estar encerrado dieciocho horas en un avión debe de ser terrible, pero la verdad es que te sientes mimado todo el tiempo. Y tienes uno de los asientos ‘business’ más amplios que existen, lo que garantiza la comodidad incluso a los tíos altos como yo», aprueba Chris Uriarte, un experto en seguridad informática que ha hecho el trayecto de ida y vuelta en esta línea. ¿Algún consejo, por si los lectores se encuentran alguna vez sentados en una SpaceBed con todo ese tiempo por delante? «Entre dormir y tomar tres comidas, se pueden ir fácilmente ocho o diez horas: si sumas a eso algo de tiempo dedicado a trabajar o a leer tus libros favoritos, el tiempo puede pasar muy deprisa. Yo siempre recomiendo que la gente se lleve todo el entretenimiento que pueda, algo cada vez más fácil gracias a aparatos como los iPads, en los que caben muchas películas, periódicos y libros». Chris sabe de lo que habla: aprovechó los vuelos para conectar su iPod al televisor y ver la serie ‘Mad Men’. Una temporada completa.

Más de 12.000 kilómetros

Los expertos en aviación reservan una categoría especial (en inglés, ‘ultra long-haul’, algo así como distancia ultralarga) para los viajes que recorren más de 12.000 kilómetros y tardan más de doce horas sin hacer ninguna escala. El primer vuelo de pasajeros de este tipo fue un Tel Aviv-Los Ángeles de la compañía israelí El Al, en 1988. A partir de ciertas distancias, la necesidad de reducir la carga útil (es decir, lo que da beneficios a la empresa) complica mucho la rentabilidad de estos enlaces.

La lista actual

Ninguno de los servicios más largos sin escalas tiene origen ni destino en Europa, al no existir enlaces de este tipo con Oceanía. Después de los vuelos de Singapore Airlines a Newark y Los Ángeles, en los primeros puestos de la lista aparecen el Sídney-Dallas, de Qantas (13.800 kilómetros), el Johannesburgo-Atlanta, de Delta (13.580), y el Dubái-Los Ángeles, de Emirates (13.400). Esta última compañía es la que tiene mayor frecuencia de vuelos de este tipo.

21.602 kilómetros recorrió sin escalas un Boeing 777-200LR en noviembre de 2005, en un vuelo especial para batir el récord del mundo, con solo 37 pasajeros. Fue de Hong Kong a Londres por la ruta larga (es decir, hacia el este) y tardó 22 horas y 42 minutos. Según explicó Boeing, en el momento del despegue pesaba 322 toneladas, de las que 163 correspondían al combustible.


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