Publicar la respuesta incorrecta…

“La mejor manera de obtener la respuesta correcta en Internet no es hacer una pregunta sino publicar la respuesta incorrecta.” Ley de Cunningham.


Es decir, que hemos llegado a un punto en que el conocimiento en Internet no se genera a partir de las ganas de compartirlo sino a partir dela necesidad que tenemos de hacernos los listos, de que aplaudan nuestro saber, que loen nuestra cultura.

Justamente, es en la Wikipedia donde esta ley se aplica con más rigor. Cuando una determinada entrada sobre un escritor semi-desconocido está más bien vacía de datos, no hay mejor manera de impulsar su crecimiento que añadiendo (inintencionadamente) algún dato no del todo cierto, no del todo bien referenciado, un tanto subjetivo, etc. No tardarán en llegar los editores que, viendo el flagrante error cometido, se lancen a mejorarlo.

Otro buen ejemplo suelen ser los foros de ayuda tecnológica a los que todos hemos acudido en alguna ocasión para saber qué demonios le pasaba a nuestro ordenador o a un programa concreto. En estos foros el primero que tiene una duda la publica en un hilo de conversación nuevo, pidiendo ayuda. Todavía hoy se pueden encontrar muchas de estas peticiones de ayuda que han quedado absolutamente huérfanas de respuestas, nadie les ha hecho caso. En cambio, podemos encontrar muy a menudo una pregunta que ha recibido una primera respuesta no del todo correcta, tal vez cuestionable, falta de matices, a la que le siguen un alud de respuestas añadiendo lo que falta, corrigiendo las soluciones equivocadas, mejorando en definitiva lo que alguien, con buena intención, había intentado aportar como respuesta.

Pongamos por caso que estoy interesado en comprender, por ejemplo, lo que ocurrió en la España franquista. Tengo dos opciones:

  • La primera consiste en acercarme a mi red social favorita y preguntar, abierta e inocentemente, qué ocurrió en aquella época. Tendré pocas respuestas, ya puedo ir haciéndome a la idea.
  • La segunda, sin embargo, consiste en acercarme a esa misma red social y lanzar algún mensaje del tipo “Con Franco se vivía mejor” o “Franco era un asesino despreciable”. La avalancha de ideas, opiniones, libros y películas de referencia que voy a obtener será aplastante.

¿Y cuál es el problema?, podríamos preguntar. Al fin y al cabo, lo importante es que se genere conocimiento y que éste quede al alcance de los demás.
El problema radica en que si lo único que nos mueve a compartir nuestro conocimiento con los demás se hace por una razón tan egoista, tan poco abnegada, ¿qué ocurrirá cuando ya nadie se atreva a publicar su conocimiento, temerosos del vilipendio al que podría ser sometido si se equivoca? Qué verguenza sería publicar algo y no estar en lo cierto, ¡incluso que fuera refutado!
Si eso es lo que nos mueve -o lo que nos detiene- andamos por el mal camino. El empobrecimiento al que nos podríamos estar enfrentando podría tener conscuencias nefastas.

La divulgación, en definitiva, debería estar guiada por el afán de compartir, no por el de hinchar nuestro ego.

Marc Ambit

Fuente: http://www.esencialblog.es/

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